Un accidente laboral me obligó a parar.
Y al parar, vi la verdad: si yo no trabajaba, el dinero no entraba.
Dependía al 100% de mi tiempo, de mi cuerpo y de mi presencia constante.
Tenía esfuerzo.
Tenía sacrificio.
Pero no tenía libertad.
Fue en ese momento cuando tomé una decisión radical: dejar de intercambiar tiempo por dinero y empezar a construir un sistema.
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