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Sobre Nosotros

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No es solo un negocio, es una decisión de vida

Soy Montserrat Merino, estratega en expansión, closer de ventas y empresaria independiente.

Pero antes de todo eso, fui una mujer atrapada en un modelo que consumía mi tiempo, mi energía y mi presencia como madre.

Hubo un momento en el que mis hijos me hicieron la pregunta que lo cambió todo:
“Mamá, ¿por qué nunca estás?”

Y ahí entendí algo que muchas personas tardan años en aceptar: no tenía un negocio… tenía una jaula.


El punto de quiebre que lo transformó todo

Un accidente laboral me obligó a parar.

Y al parar, vi la verdad: si yo no trabajaba, el dinero no entraba.

Dependía al 100% de mi tiempo, de mi cuerpo y de mi presencia constante.

Tenía esfuerzo.
Tenía sacrificio.
Pero no tenía libertad.

Fue en ese momento cuando tomé una decisión radical: dejar de intercambiar tiempo por dinero y empezar a construir un sistema.


Yo no vengo de una oficina. Vengo de la vida.

Nací en Shushufindi, un pueblo situado en la Amazonía ecuatoriana. Crecí junto a mis abuelos en una gran finca familiar donde aprendí algunas de las lecciones que todavía hoy siguen acompañándome. Aprendí el valor del trabajo.

Aprendí la importancia del respeto. Aprendí que una persona vale más por cómo trata a los demás que por lo que posee.

En casa había abundancia, pero también humildad. Las compras se hacían por quintales y por cajas. Había tierra, animales, cultivos, trabajadores y responsabilidades.

Mucho antes de conocer conceptos como ventas, negociación o desarrollo empresarial, ya observaba cómo se construyen relaciones duraderas entre las personas y cómo la confianza puede llegar a tener más valor que cualquier contrato.

De mis abuelos aprendí algo que nunca he olvidado: La palabra dada importa. El respeto importa. Las personas importan.


Mi vida en España

Cuando llegué a España comenzó una etapa completamente diferente. Trabajé en distintos sectores como limpieza, estética, supermercado y sanidad. También participé en negocios familiares como una peluquería y un bar, experiencias que me permitieron conocer la realidad de quienes cada día levantan una persiana, atienden a las personas y asumen responsabilidades.

A lo largo de mi trayectoria también he participado en procesos de negociación vinculados a operaciones inmobiliarias de alto valor económico, una experiencia que reforzó algo que ya había aprendido desde pequeña:

Antes de tomar decisiones importantes hay que comprender a las personas.

 


Cuando la vida cambió

Un accidente cambió muchas cosas. Llegaron las secuelas, las limitaciones físicas, el dolor y la necesidad de adaptarme a una realidad que no había elegido.

Aun así seguí buscando la forma de construir una actividad profesional que no dependiera exclusivamente de mi capacidad física o de empezar de cero una y otra vez. Aquella etapa me obligó a hacerme muchas preguntas. Y también me llevó a buscar respuestas diferentes.

 


La decisión

Después de años intentando construir distintos proyectos comprendí algo importante:

No siempre es necesario crear una infraestructura desde cero para desarrollar una actividad profesional.

A veces la decisión más inteligente consiste en apoyarse en estructuras ya existentes y centrar la energía en las personas, las relaciones y el crecimiento de la actividad. Eso fue lo que hice. Decidí desarrollar mi actividad dentro de una estructura ya consolidada, aprovechando herramientas, procesos y recursos que ya existían. No porque fuera el camino más fácil. Sino porque era el que más sentido tenía para mí.

 


Lo que valoro hoy

Después de todo lo vivido hay cosas que han ganado importancia para mí. La estabilidad. Las relaciones humanas. La claridad. La diversificación. La construcción a largo plazo. El aprendizaje continuo. Y el respeto por las personas. No son conceptos teóricos. Son valores que han ido tomando forma a través de la experiencia. Y son también los principios sobre los que intento construir mi actividad cada día.

La experiencia que me respalda

La experiencia que me respalda

Mi camino no empezó aquí. He trabajado desde la base, entendiendo lo que es empezar sin garantías, sin contactos y sin estructura.

Desde la gestión administrativa hasta el trato directo con personas en sectores exigentes, pasando por experiencias que me enseñaron algo clave: los negocios sostenibles no se improvisan, se construyen.

A eso le sumo formación constante en ventas, mentalidad y estrategia con referentes internacionales, integrando lo mejor de cada enfoque en un modelo real, aplicable y probado.

 

El verdadero motor detrás de todo

Durante años, mi vida fue un equilibrio constante entre sacar adelante a mis hijos y sostener un modelo que no me permitía estar presente. Pero nunca estuve sola.

Max, mi perro, fue ese compañero silencioso que estuvo en cada etapa.
Mientras el mundo dudaba, él permanecía. Y esa lealtad se convirtió en uno de los pilares de todo lo que hoy construyo: compromiso, constancia y visión a largo plazo.

MAX

Max fue un pastor alemán de ojos color miel. Cuando comencé esta etapa de mi vida profesional no tenía una oficina. Mi madre veía la televisión. Mis hijos estudiaban. La casa era pequeña. Y encontrar un lugar tranquilo para trabajar no siempre era sencillo.

Por eso muchas veces salía de casa con Max. Mientras él caminaba o jugaba, yo realizaba llamadas, mantenía conversaciones y desarrollaba gran parte de mi actividad. Muchas de las llamadas, conversaciones y decisiones que hoy forman parte de este proyecto ocurrieron durante aquellos paseos. Mientras yo trabajaba, Max simplemente estaba allí.

Día tras día. Y cuando algunas personas desaparecieron de mi vida, él siguió acompañándome exactamente igual que el primer día. Por eso forma parte de esta historia. No como una anécdota. Sino porque estuvo presente mientras se construía una parte importante de este camino.

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